¡Esto es Esparta! Los niños eran apartados de sus madres a los siete años de edad, momento en el que se
entregaban al Estado para una educación al servicio de la defensa de la comunidad. Agrupados bajo la severa vigilancia de los más experimentados, ocupaban su infancia en prepararse para la guerra. Los maestros llenaban incansablemente sus horas con pruebas de resistencia y juegos destinados a endurecer cuerpo y espíritu. La vida en familia apenas existía, y la falta de afecto la llenaban con la camaradería en su más amplio sentido. Claro que en la Hélade tomaban los nombres de Pausanias o Leónidas, y no Ender o Alai.
Orson Scott Card, el autor de esta célebre novela, estudió historia antigua tamizada por un credo mormón puro, no en balde nació en Salt Lake City. Card es del tipo de escritor que refleja sin ambages el propósito de convertir su profesión en un instrumento de extensión de sus principios religiosos o políticos -de hecho, el diario El País y Cinemanía, dan la noticia del estreno de la película basada en este libro con un largo artículo sobre la homofobia de Card-. La suma de todos estos factores es la obra El juego de Ender.