Quien no ha ido de niño a una acampada en pleno bosque, y de noche, a la luz de la fogata, ha oído cuentos de terror, seguramente no podrá entender del todo el horror que se narra en este relato de Algernon Blackwood. No falta nada: la descripción de un bosque interminable, misterioso, sumido en un silencio que sólo se rompe por sonidos ajenos a la comprensión humana, y cinco hombres, cada uno un símbolo con el que el lector puede identificarse.
Ahora bien, todo ese simbolismo, muy básico en realidad, responde a una concepción particular de la naturaleza, el hombre, la ciencia y la religión. Es la segunda vez que me encuentro un vínculo entre un escritor de cuentos fantásticos y una sociedad esotérica y filosófica. En este caso, Blackwood
