Lo malo de las ediciones baratas es que solo cuidan las
formas, pero fallan estrepitosamente en el contenido. El producto –el libro- es
tratado con indiferencia, como si diera igual con tal de tenerlo “empaquetado”.
A estas alturas de mi vida quiero que un clásico tenga un buen y breve estudio
preliminar, con notas del editor para explicar detalles, amén de una traducción
decente. Ha coincidido que he leído al azar algunos artículos de Julio Camba recogidos
en La rana viajera” y Un año en el otro mundo, de la Colección Austral.
Deliciosos, pero no indicaba la fecha ni el periódico, con lo que el texto
perdía sentido. Esto le ocurre al libro titulado El nuevo acelerador, de H.
G. Wells, que publicó el diario El Mundo en su colección “Las novelas del
verano”, allá por 1998. Ni un miserable prólogo –claro que leí el Lucía Etxebarría a “Un
mundo feliz”, de Aldous Huxley, y casi es peor-, ni una nota de pie de página
que indique el año de la edición de cada cuento.
Al buscar cada narración de Wells por internet, claro, vi
que la BBC 4 había seriado esos cuentos. Qué maravilla. Igualito que aquí, donde hablar de libros en
los medios, incluida la red de redes, es cosa de “frikis”. No hay más que poner
en el buscador “blogs de literatura”, y echarse a temblar.


