domingo, 20 de junio de 2010

LEIGH BRACKETT - La espada de Rhiannon, 1977 (1953).

Pedí este libro a La Tarde, una librería madrileña que ahora se ha instalado cerca de la Plaza del Dos de Mayo. Fue una auténtica odisea. Pillé entre medias unas fiestas y un puente típicamente español, de esos de cuatro o cincos días, amen de que el individuo de Correos decidió que yo no vivía en mi casa y devolvió el libro. Llamé un par de veces a los pobres libreros, que me perjuraban por los anillos de Saturno que lo habían enviado, y terminaron lamentándose sobre el errático trabajo de los carteros. Ahora bien: la espera mereció la pena. Pocas veces he disfrutado tanto con un libro.

domingo, 6 de junio de 2010

JERRY POURNELLE - El soldado, 1989 (1978)


No soy aficionado a las películas del Oeste; en general me cansan. Sin embargo, hay películas como “El hombre que mató a Liberty Valance”, o las venganzas protagonizadas por Clint Eastwood, que me gustan. ¿A quién no le excita un buen ajuste de cuentas? Bueno, pues El soldado de Jerry Pournelle arranca como si fuera un western, donde los personajes, el entorno y la trama parecen arrancados de alguna escena holywoodiense de indios y vaqueros. Y es que todo el planeta Arrarat, donde Pournelle sitúa esta precuela de El mercenario, es un lugar donde se combina el Viejo Oeste de EEUU, el París del Medioevo y “unas gotitas de las Mil y una Noches”.

domingo, 23 de mayo de 2010

EDGAR ALLAN POE - La narración de Arthur Gordon Pym, 2009 (1838)



Dos cosas interesantes se pueden hacer con este libro. Una de ellas es leerlo sin pensar que lo escribió Edgar Allan Poe, lo que libera de prejuicios para la crítica. La otra es más una cuestión de aficionado a la CF, y que consiste en sustituir los objetos marítimos y navieros por los propios de la space opera. Es decir; donde aparece “barco”, “isla” y “cuchillo”, leer “nave estelar”, “planeta” y “fáser”. Los dos experimentos son gratificantes. Con el primero, ignorar que es una obra de Poe, se puede ajustar la novela a una nueva dimensión; y con el segundo nos volvemos a dar cuenta de que lo que realmente hace a una novela grande es la historia humana y no la actualidad del entorno tecnológico.

domingo, 9 de mayo de 2010

H. P. LOVECRAFT - El horror de Dunwich, 2009 (1929).

Era uno de esos pequeños libros de una colección tan memorable como efímera. Me refiero a Alianza Cien. La idea no era mala: pequeños libros, verdaderamente de bolsillo, a cien pesetas. A mi me gustaba el formato; podía llevarlo a cualquier sitio y era barato. Entre los pocos números que salieron estaba El horror de Dunwich, cuando ya la editorial estaba aquejada por el mal del ilustrador iletrado; es decir, el que ilustra sin haber leído la novela. Sin embargo, para leerlo por segunda vez compré la última edición de Alianza, la de 2009, que tiene una introducción de August Derleth que merece la pena.

domingo, 25 de abril de 2010

JERRY POURNELLE - El mercenario, 1989 (1977).

Iberlibro suele ser una buena manera de comprar un ejemplar agotado. En ocasiones infla los precios atendiendo a la oferta existente sólo en la red; pero así es el capitalismo. El mercenario de Jerry Pournelle lo pedí a una librería de Baracaldo (Vizcaya, España). Había comprado El soldado, la supuesta segunda parte, en una de mis cacerías bibliográficas por Madrid, y no podía dejar la historia a medias, o eso creía yo.

Topé con Pournelle buscando autores que hubieran seguido el estilo de Heinlein. Indagué en sus obras y me pareció que la más adecuada, la más ajustada a Tropas del espacio, podían ser las aventuras de Falkenberg, el protagonista de El mercenario. Había incluso algún comentarista que señalaba que el libro de Pournelle era aún más militarista que el de Heinlein. Como estoy curado

domingo, 18 de abril de 2010

HARRY HARRISON - Bill, el héroe galáctico, 1993 (1965)



Falta Leslie Nielsen, porque Bill, el héroe galáctico es una sucesión sin sentido de gags, de situaciones cómicas para las que hay que estar muy predispuesto. Lo que tiene el género de humor es que, por un lado, es temporal; es decir, responde a un momento cultural (la novela de Harrison tiene casi cincuenta años), por lo que las claves humorísticas de hoy son otras. Por otro lado, la parodia debe reflejar situaciones conocidas por el lector o espectador, y mi conocimiento de la ciencia ficción no alcanza tan al detalle el pulp norteamericano de la década de 1950; me puedo hacer una idea, pero poco más. El “desfase” es como ver en una televisión polaca a unos imitadores de famosos polacos: no hay quien pille la gracia. En conclusión, a veces me he sonreído, pero poco más.

domingo, 11 de abril de 2010

H. P. LOVECRAFT - La llamada de Cthulhu, 1926.

En una de mis investigaciones sobre las sociedades del siglo XIX encontré algunas con rituales y cosmogonías estrafalarias, y entre ellas despuntaban las teosóficas y la referencia a una rusa llamada Helena Petrovna Blavatsky. El rostro de aquella mujer era inquietante, así como su trayectoria. Había constituido un grupo en torno a unos libros antiguos y a una supuesta sabiduría concedida por un ser superior. Era una concepción completa del Universo y, por tanto, del Hombre. En su Antropogénesis hablaba de la aparición de vida en la Tierra proveniente del cosmos, de siete razas primigenias, una de las cuales, la de los Dioses o Dobles Etéreos de los Pitris habrían creado al Hombre. La historieta me enganchó porque parecía un auténtico relato de ciencia-ficción, de horror cósmico lovecraftiano, sí, pero escrito cuarenta años antes. Además, una de las obras en las que Lovecraft se inspiró para su cosmogonía era el llamado Libro de Dyzan, presente en la Doctrina secreta de Blavatsky. Así, pensé, la cosmogonía de Lovecraft tendría un origen teosófico, con lo que August Derleth no estuvo tan equivocado al desarrollar ese mundo en sentido teológico: los Dioses arquetípicos. Vaya, enseguida me di cuenta de que había vuelto a descubrir el Mediterráneo.

domingo, 28 de marzo de 2010

ADRIAN ROSS - El agujero del infierno, 2003 (1914)



FNAC no me cae simpático. Gigante, impersonal, frío y masificado, me hurta el placer de la ceremonia de comprar un libro. No es que el librero típico me caiga especialmente bien, sino que respeto ciertos tipos de atrevimiento y locura, y la profesión de librero reúne esas características. Y es que FNAC tiene el escenario de un Carrefour cualquiera. Ni siquiera falta la maquinita de autopago. “Su libro, gracias”. Pero lo que más me molesta es encontrar allí justo el ejemplar que estaba buscando. Esa novela que no tienen en mi librería habitual, o esa colección en la que me gusta bucear para tocar, comparar, hojear y cotillear, pues sí, allí está, estropeándome la crítica al megastore.

Y allí estaba La estancia oscura, de Leonard Cline. La examiné (sólo me faltó olerla; me dio corte) y no me convenció. A su lado estaba una novela extraña, de un tal Adrian Ross, titulada El agujero del infierno. No había oído hablar de ella. En la contraportada estaba el gancho publicitario: las citas de Hodgson y Lovecraft. Piqué, y no me arrepiento.

domingo, 21 de marzo de 2010

ROBERT E. HOWARD - El valle del gusano, 1986 (1934).



No hubiera conocido este libro si no llegar ser por Bloodstar, la adaptación que dibujó Richard Corben. Lo encontré en la Cuesta Moyano hace veinte años. Por aquellos días ya había dejado los cómics de ciencia ficción, fantasía y terror, pero no había abandonado el gusto por el género. La historia de Corben  combinaba la fantasía épica con el horror cósmico. Recuerdo que el protagonista acababa con un enorme gusano que salía de los subterráneos de una ciudad del siglo XX destruida hacía cientos de años.

La sugerencia era que la civilización había sufrido un cataclismo hacía mucho tiempo y que la Humanidad había empezado de nuevo, olvidando todo lo que fue. El relato era muy estimulante, y Corben le había dado la dimensión ideal, justa, capaz de obligarme a retener la historia y de empujarme a la búsqueda de más información. Por eso fue una alegría inesperada el encontrar El valle del gusano.

domingo, 14 de marzo de 2010

ROBERT J. SAWYER - Flashforward, 2009 (2001).


Siempre he sido muy aficionado a mezclar literatura y cine; es decir, a leer la novela antes de ver la película, y del mismo modo muchos filmes me han llevado a la obra en que se inspiraron. Al texto de Robert J. Sawyer llegué justamente de esta segunda manera: primero vi los anuncios en la tele, me baje los capítulos al tiempo que pedía la novela al sorprendido librero (¡Cómo me gusta escandalizar!), la devoré y luego me extrañé con la serie. Sí; suele pasar. Lo sé. Y como la serie es otra cosa, me remito a esta reseña que publiqué en Los ojos del marciano y en la Red de Ciencia-Ficción.

domingo, 7 de marzo de 2010

H. P. LOVECRAFT - En las montañas de la locura, 2008 (1931).

No fue fácil encontrar este libro; al menos la edición que yo quería. Estaba la de Alianza, que no me acababa de convencer por su letra minúscula y su portada conceptual. La que me parecía atractiva, sugerente, ensoñadora, era la de Valdemar. Tengo cierta debilidad por los libros de Valdemar, he de confesarlo. En mi librería habitual –que ya ha dejado de serlo por este episodio- no me lo servían. Tardaron dos meses, dos pacientes meses, en decirme que estaba agotado. No era verdad. Me metí en la web de Valdemar. Lo tenían. Llamé a la librería que sale en pantalla y voilà. Que me pasara a recogerlo cuando quisiera. Y así fue. Una tarde fría de invierno, oscura y húmeda, mi hijo y yo atravesamos Madrid, al filo del cierre, y aparcamos bajo el hospital que hay en la calle Goya –qué sablazo nos dieron-. La librería era el propio domicilio del librero. Nos recibió la portera. “¿Ande van?”. Dimos la contraseña y tomamos el ascensor, uno de esos trastos de los años cincuenta que tiene una puerta de entrada y otra de salida. Tocamos el timbre con cierta curiosidad. Nos recibió un gato. No es mi

domingo, 28 de febrero de 2010

CORMAC McCARTHY - La carretera, 2009 (2006).


Hace muchos años tuve un amigo que quería ser escritor. Otro, sí. Aquel tipo atesoraba la idea de que todo literato que se preciara debía ser también un personaje. No valía con escribir bien, sino que era preciso transitar por la vida tal que individuo aventurero y bohemio. El personaje que se construyó se presentaba endurecido en la embriaguez, putero, rascador de guitarra, revolucionario de Mahou en ristre, noctámbulo a lo pobre y fecundador de incautas. Le perdí la pista hace años. No he tenido noticias de que escribiera algo. Creo que se quedó en personaje. De todas formas, aquel chico no se equivocaba en que hay buenos escritores que son también personajes. Cormac McCarthy es uno de estos, quizá un poco impostado hoy por la editorial, pero hubiera dado igual porque La carretera es una de las más absorbentes y directas novelas que he leído jamás.

domingo, 21 de febrero de 2010

HARLAN ELLISON - Visiones peligrosas, I, 1985 (1967).


Llegué a este libro por una reseña de César Mallorquí sobre un ensayo de las cien mejores obras de ciencia ficción del siglo XX. Mallorquí citaba Visiones peligrosas con cierta indignación, pues es, decía, la antología más influyente de la CF. Me hizo gracia. Era una especie de antología alternativa; es decir, como si Mallorquí le hubiera sacado los colores al antólogo citándole unos cuantos libros que merecían estar en ese ensayo, frente a otros que, en fin, quizá no, y que estaban por ser algo “editorialmente” correcto. Busqué Visiones peligrosas y sin dificultad la encontré -¡internet, te quiero!- en una librería de Alcorcón (Madrid, España). Bueno, “librería” por decir algo: era la reconversión de un puesto de mercado en una galería muerta. El desplazamiento hasta aquel lugar resultó muy satisfactorio –pasé una buena tarde con mi hermano a principios de octubre de 2009- y muy rentable: Visiones peligrosas es una recopilación de relatos magníficos.

domingo, 14 de febrero de 2010

ISAAC ASIMOV - El fin de la Eternidad, 2007 (1955)



No entraba en mis planes leer esta novela. Había decidido emplear mi tiempo lector en seleccionar a los mejores autores y las mejores obras de CF. De Asimov ya había leído Yo, robot y Fundación. Era suficiente. Me quedan muchos libros y muchos escritores por descubrir. El tiempo es limitado. ¿Limitado? En esta fabulosa novela, que me demuestra que los planes se pueden romper, el tiempo es variable, modificable, multiplicable y, sobre todo, aprovechable.
No soy partidario de convertir una reseña, o comentario de un libro, en un resumen del mismo. Me parece escolar. Sin embargo, en este caso quiero hacer esa síntesis porque el cuerpo me lo pide; eso sí, una sinopsis vista desde otro lado, más allá de la historia de amor que sirve de vértebra a la narración. Vamos a ello.

sábado, 6 de febrero de 2010

CLIFFOR D. SIMAK - Estación de tránsito, 1986 (1963).


Una tarde de agosto fui con mi hijo al centro de Madrid, a la Plaza del Dos de Mayo. Hay un par de librerías de viejo por la zona que merecen la pena, a pesar de que el barrio es sucio e incómodo. El olor a orina que aquel día inundaba todo era disuasorio. Las calles pequeñas, de aceras estrechas, salpicadas de contenedores y bolsas de basura, con portales oscuros y tiendas frikis pueden parecerle sugerentes a alguien almodovariano, a mí no. Pero la literatura tira, y tira mucho, y vence, y acabo siempre yendo.

domingo, 24 de enero de 2010

Imperio Futura vuelve del Taller Galáctico en la fecha estelar 2010.02,07; es decir, el próximo 7 de febrero.


jueves, 17 de diciembre de 2009

Imperio Futura ha sufrido un flashforward. Una supergigante azul estalló en la Gran Nube de Magallanes formando una supernova. Recibimos su lluvia de neutrinos rebotada de un agujero marrón. Estábamos en pleno vuelo cuando llegó hasta nosotros. La nave sufrió un shock y el cronómetro de abordo avanzó a la fecha estelar 2009.12, 23. Al tiempo nos vimos desplazados a un paisaje cubierto de una extraña capa blanca. Ordené al computador que la analizara. Era polietileno.

El paisaje era circular y estaba cubierto por una enorme cúpula de cristal. Nos envolvía un extraño fluido, con dos partes de hidrógeno y una de oxígeno. Todo estaba en calma. En el vórtice superior de la cúpula se veían dos colosales pompas de aire. Divisamos una pequeña cabaña. No había señales de vida. Al fondo se atisbaba una cordillera nevada, pero carecía de tercera dimensión. Los abetos eran de plástico, estaban rodeados por cintas de tonalidades muy variadas y de sus ramas colgaban bolas brillantes. Nos asustamos la primera vez que vimos encenderse unas luces de colores. Luego se apagaron y se volvieron a iluminar; y así cada dos segundos. Pensamos que era una advertencia. El oficial científico de Imperio Futura descartó por ilógico que se tratara de una señal bélica.

La tripulación no se inquietó verdaderamente hasta que recibimos un extraño mensaje por una frecuencia comercial en desuso desde hacía cientos de años. “¡Arriba elfos del Polo Norte! ¡En pié diminuta legión! ¡Abajo la opresión de Santa Claus!”. La oficial de comunicaciones indicó que la señal procedía de la cabaña. Lo pensé un minuto. No sabía cuánto tiempo aguantaría el flashforward. Si no actuábamos quedaría un misterio tras nosotros, pero en el caso de intervenir la ventana del espaciotiempo podía abrirse de nuevo sin que estuviéramos preparados. Formé un grupo con el oficial científico y el médico, y ordené a mi segundo de Imperio Futura que si tardábamos más de treinta minutos saliera al punto del flujo de neutrinos sin esperarnos. “¡Pero, señor, quedarían atrapados entre montañas planas y elementos de polietileno…!”, me espetó cariacontecido el oficial. “Es una orden”, contesté con tono hierático.

Sacamos los equipos acuáticos. La distancia hasta la cabaña era más corta de lo que parecía. Nada más salir de Imperio Futura sentimos temblar la tierra. Luego se produjo una pausa, y acto seguido el paisaje se agitó con una fuerza tan descomunal que los trozos blancos de polietileno se alzaron hasta la cúpula. Ya en calma, comenzaron a caer lentamente sobre nosotros. Sacamos los fáser y disparamos. Uno de aquellos objetos alcanzó al oficial científico; sorprendentemente rebotó en su cabeza sin producirle daño alguno. Caían por todos lados, meciéndose por el fluido, como adormecidos, y posándose en los árboles, en la cabaña y en nuestra nave. La nevada de polietileno blanco era un espectáculo hipnótico. Recibí entonces un aviso del segundo de Imperio Futura. Me sobresalté. La lluvia de neutrinos se aproximaba. Se iba a abrir la puerta espaciotemporal. Volvimos abordo y regresamos a nuestro tiempo.

Nadie de la tripulación ha querido hablar de este episodio. El gabinete psicológico de Imperio Futura está colapsado. Yo mantengo el frágil equilibrio mental leyendo ejemplares de las mejores revistas del Universo. Les dejo aquí una muestra.


domingo, 6 de diciembre de 2009

Imperio Futura ha entrado en batalla. En la madrugada del 2009.11, 30 nos vimos cercados por un enemigo muy superior en número. Nuestra nave estelar descansaba en un valle, sin tocar suelo, a 0.5 de fuerza de gravedad inversa. Matojos y rocas poblaban aquel paisaje triste. Sólo el viento parecía tener interés en moverse por allí.

Uno de mis hombres dio la alerta: “¡Intrusos!”. La montaña se erizó de pastorcillos con cayados láser y ovejas mecánicas. Ordené levantar el escudo protector, pero nos lanzaron unas zambombas iónicas que destrozaron parte del fuselaje. No tuve más remedio que disparar una onda electromagnética concéntrica para impedir la invasión ovina de la nave. Intenté dejar tierra bajando la fuerza de gravedad de la nave a menos 2, pero el motor no respondía.

Al grito de “¡Nosotros vimos la estrella primero!”, los pastorcillos cargaron las panderetas atómicas. Avisado por el segundo oficial de abordo, mandé que el gravitador de reserva nos lanzara a la ionosfera. La presión casi destrozó la nave, pero conseguimos eludir el ataque.

El asteroide sigue su curso. Hemos reparado el motor de Imperio Futura y continuamos la persecución de la estrella en dirección a Belén. Antes de terminar este informe, deseamos que vean otra portada de una de las pocas publicaciones que con sus relatos nos mantiene atados a la realidad.



lunes, 23 de noviembre de 2009

IMPERIO FUTURA se ha teletransportado al encuentro de un asteroide que se dirige al Tercer Planeta. Nos persiguen tres extraños humanoides; uno de ellos es negro. La lentitud de sus transportes terrestres la suplen con una constancia aterradora. Portan unos minerales cuyo olor nos llega cuando cambia el viento. También hemos visto un objeto volador no identificado de color rojo. Los ocho ciborgs que tiran de esa nave rastrean nuestras huellas como animales. A veces, por la noche, oímos un "¡Oh, oh, oh!" que congela el fluido el nuestros circuitos.

El asteroide continúa su marcha. El navegador de IMPERIO FUTURA nos ha indicado que se dirige hacia un pequeño pueblo, un lugar llamado Belén.

Volveremos de este viaje en la fecha estelar 2010, 2; vamos, en FEBRERO de 2010. Mientras dura el viaje, dejamos aquí testimonio de una de las publicaciones que más circula por nuestra Estación Estelar. Esperamos que les guste.




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domingo, 15 de noviembre de 2009

WHITLEY STRIEBER - 2012. La guerra por las almas, 2009 (2007).


Busqué en Internet el tema del fin del mundo relacionado con el año 2012. Craso error, como diría el otro, a no ser que uno quiera encontrar una serie continua de desvaríos que mezclan el cambio climático con una invasión extraterrestre, el origen de la humanidad, las pirámides, un gobierno mundial, el sionismo, el “neoliberalismo” (ese fantasma que recorre el mundo mundial), la hipocondría por la gripe A, Nibiru, y no sé cuántas gilichorradas más.



La más curiosa de todas es esta última, la de Nibiru o Planeta X (prefieren llamarlo “Nibiru” porque lo de “Planeta X” parece el nombre de un club de alterne). Se trata de un planeta que está fuera del Sistema

domingo, 8 de noviembre de 2009

KAREL CAPEK - La guerra de las salamandras, 1981 (1936).


Saqué el libro con cariño. Soplé el lomo para quitar la capa de polvo y lo abrí. Dentro había un billete de metro fechado en 1985. Tenía entonces diecisiete años; unos meses después cambiaría mi vida para siempre. En aquellos días de instituto ese libro de Čapek  no me gustó. Era la segunda vez que intentaba leerlo. Pertenecía a la misma estupenda colección que La guerra de los mundos: el Club Joven, de Bruguera. El libro no era lo que yo esperaba, por lo que no debía ser el momento para leerlo –creo firmemente que cada obra encaja en nuestra vida justo cuando es su momento-. Recuerdo ir leyéndolo en el metro, en la línea 2 ó 3, agarrado a una de esas barras blancas que cruzaban el cielo del vagón, siempre húmedas, con mi pulgar violentando el libro, apretando para evitar que las hojas se despidieran y que el traqueteo del tren no obligara a las letras a bailar en exceso. Sí, lo recuerdo, y entonces no me gustó.

domingo, 1 de noviembre de 2009

ALFRED BESTER - Las estrellas, mi destino, 2009 (1956).


En mi proyecto de leer lo mejor de la CF había incluido este libro de Alfred Bester. Estaba en las listas que consulté, pero algún comentario que leí me echó para atrás. Un espabilado que había hecho una sinopsis decía que era la historia de un hombre encerrado en un cubículo espacial, y que para salir de su situación imaginaba viajes. Evidentemente, aquel tipo haría bien en dedicarse a otras labores. La claustrofobia que me generó aquel resumen no me invitaba a leer el libro. Luego vino el lío del título; que si Tigre, tigre, que si Las estrellas, mi destino. En fin, un gilichorrada de la que me sacó la versión de bolsillo (y tanto) que ha sacado Gigamesh. Desde las primeras páginas me llevé una doble alegría: el nanotamaño de la letra del libro demostraba que no había perdido vista y, albricias, se trataba de un relato magnífico.

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