lunes, 9 de abril de 2012

ALEXANDER BOGDÁNOV - Estrella roja, 2010 (1905)


La especulación sobre el porvenir del Hombre ha servido no sólo para soñar, también para la crítica del presente. Marte ha dado mucho juego en este sentido. H. G. Wells, enorme literato y socialista de mesa camilla, publicó La guerra de los mundos en 1898, lo que le sirvió para criticar a la opinión pública victoriana, a la Iglesia anglicana -no a la religión- y al modelo de gobierno británico, que en su opinión era ineficaz a la hora de responder a las necesidades sociales. 

Catorce años después, en 1912, un norteamericano, Edgar Rice Burroughs, creaba el personaje de John Carter, un ex soldado que vivía unas imposibles y fantásticas aventuras en Marte y que repetía acríticamente los estereotipos conservadores del Occidente de su tiempo.

domingo, 25 de marzo de 2012

ISAAC ASIMOV - Fundación e Imperio (1952)

Leí “Fundación” dos veces, pero hace tiempo, y no me decidí a seguir con el ciclo. Cosas que pasan. Tras lecturas complicadas, problemáticas, alguna angustiosa, que tenían de ciencia-ficción lo que yo de obispo de Huesca, me dije: “Un clásico”. Y volví a Asimov decidido a seguir con los psicohistoriadores. De esta manera conseguí dos novelas por el precio de una; porque así es “Fundación e Imperio”, dos partes surcadas por dos cuestiones filosóficas y, por tanto, debatibles.

Por un lado, Asimov juega con la idea de si existe el libre albedrío o el destino está escrito, con lo que las decisiones que toma el Hombre están predeterminadas. No habría libertad, y lo que creemos que lo es no sería más que una vana ilusión. La psicohistoria, que es la ciencia que Asimov inventa para la Trilogía, no predice actos individuales, sino

domingo, 4 de marzo de 2012

THOMAS M. DISCH - Los genocidas (1965)


La verdad es que cuando veo a los galardonados en estos premios literarios españoles tan mediáticos, imagino la intrahistoria de la concesión; es decir, cómo acordaron el sexo del escritor, luego el nombre, después la temática y por último detalles como la pasta y la promoción –reseñas amañadas, entrevistas edulcoradas y demás-. Son premios falsos, utilizados como propaganda fácil para la venta de un libro. Y pienso en ese momento en el que el escritor galardonado se encuentra consigo mismo, reflexionando sobre lo que ha hecho, en ese instante en el que no hay que posar ante las cámaras, ni fingir en la entrevista, midiendo la distancia entre él y su imagen. ¿Era esto lo que quería hacer cuando comenzó a escribir? No sé, allá cada uno. Por eso no me gustan las reseñas de libros que

domingo, 5 de febrero de 2012

STANLEY G. WEINBAUM - Una odisea marciana (1934)


Conocí a este autor por una entrada en Facebook de José Joaquín Ramos. El editor de Alfa Eridiani pedía adhesiones para la publicación de las obras de Weinbaum. ¿Y quién era? (Qué le vamos a hacer, yo sí reconozco mi ignorancia). Lo busqué, encontré su biografía y el artículo que Isaac Asimov escribió sobre él. Me pareció interesante, sobre todo el que hubiera sido un innovador, un tipo capaz de hacer algo “distinto”. Asimov lamentaba su muerte prematura (casi siempre lo es) y señalaba la importancia de su relato “Una odisea marciana” por la sencilla razón de que Weinbaum había descrito por primera vez a unos alienígenas inteligentes pero cuyos parámetros mentales discurrían por otro lado. Ya no se trataba, decía, de humanos o humanoides de distintos

domingo, 22 de enero de 2012

MICHAEL MOORCOCK - He aquí el Hombre (1966)


Decididamente, no es el mejor libro para regalar a un niño el día de su Comunión. Es más; he retrasado la publicación de este comentario unos meses debido a que caía en Navidad. He querido ahorrarme malos entendidos y comentarios maliciosos. Y es que el tema de He aquí el Hombre, de Michael Moorcock, es Jesucristo.

Hacía tiempo que quería leer algo de Moorcock, desde que quedé fascinado por los escritores británicos de los sesenta. Ese mundo londinense imaginado, gris, hippy, de fumetas desastrados pero brillantes, me hacía gracia. Moorcock era además el prototipo: proveniente del fandom, anarquista, editor de New Worlds y ejemplo de la New Wave. El problema era que Moorcock se había

sábado, 31 de diciembre de 2011

EDGAR RICE BURROUGHS - Una princesa de Marte (1917)


Esta es una de esas novelas que no tenía pensado leer. Edgar Rice Burroughs, el autor, fue el creador de Tarzán, un personaje por el que tengo cierta simpatía pero que me genera una sensación tan incómoda como entrañable, con muchos recuerdos de la niñez –mi abuela me regalaba unos cómics de una imitación cañí llamada “Tamar”, pero eran fantásticos-. Quizá esto se deba al destino cruel de Johnny Weissmuller. A la vez, la edición española de Una princesa de Marte era de lo más ochentera que había visto: la portada luce a una chica sensual con un traje de las 1.001 noches. Para esto ya había leído todos aquellos cómics de la editorial Toutain.

¿Por qué, entonces, comencé a leerlo? Me pilló en un mal momento. Se me había

domingo, 25 de diciembre de 2011

CORDWAINER SMITH - En busca de tres mundos (1966)

Lo que me gusta de Cordwainer Smith es la capacidad para imaginar mundos que se salen del tópico de la ciencia-ficción, y especialmente la carga filosófica tan positiva que tienen sus relatos. Destilan un gusto por la vida que me ha llevado siempre a terminar sus relatos con su sonrisa. Pero es que el tipo me cae simpático por su trayectoria vital y profesional, como no podía ser de otra manera. También por esto intento siempre buscar paralelismos con su experiencia en China. 

En busca de tres mundos es una novela que no tiene la fuerza o la frescura de Norstrilia; es más, es preciso leer este última antes de adentrarse en los avatares de Casher O'Neill, el protagonista del libro que ahora comento. Es la historia de una búsqueda equivocada de la venganza. La acción se sitúa en el Segundo siglo de Redescubrimiento del Hombre; es

domingo, 27 de noviembre de 2011

EDWARD LEE - La ciudad infernal (2001)



No he perdido el gusto por ir a "cazar" libros. He soñado muchas veces con un barrio repleto de libreros de viejo, con tiendas llenas de estanterías que rebosaban libros; pero usados o de saldo, de esos que valen cuatro perras. Son sueños fantásticos e inquietantes. Estoy en el centro de Madrid, todo me es conocido, pero una vez que despierto y lo racionalizo, me dio cuenta de que nada de lo que he visto existe: ni los libros, ni las librerías, ni las casas, ni siquiera las calles. El asunto me inquieta. A veces he soñado con álbumes de Tintín que nunca han sido publicados y pienso “Éste me falta”. La única solución que he encontrado es seguir yendo de “cacería”. Pero no voy a esas grandes superficies tipo Casa del Libro o Fnac; no, prefiero las de saldo. No tiene gracia ir a un establecimiento donde sé qué voy a encontrar: las novedades y el fondo editorial más reciente. Me encantan las casualidades, las sorpresas y los descubrimientos. Proporcionan un placer muy particular. Miro, busco, desordeno, incluso buceo en grandes cajones hasta que encuentro

martes, 15 de noviembre de 2011

KURT VONNEGUT - Las sirenas de Titán (1959)


¿Cómo nos afecta la lectura del libro de un autor amargado? No deja buen poso. No me refiero a que obligue a pensar al lector sobre lo sucio que es todo, porque no hace falta más que salir a la calle o escuchar un informativo. Hablo de un acto íntimo como es el de la lectura, de la absorción de los sentimientos agrios del autor durante los días en los que recorremos las páginas de la novela. Y es especialmente significativo cuando se trata de un texto que escogemos para llenar nuestro espacio de ocio, divertirnos, alejarnos de la dureza cotidiana y disfrutar. Era consciente de esto antes de adentrarme en la obra de Kurt Vonnegut. De hecho, tengo en mi casa

domingo, 9 de octubre de 2011

DOUGLAS ADAMS - Guía del autoestopista galáctico (1979)


Lo cierto es que película basada en este libro me encantó. Era la clásica historia de chico busca chica, envuelta en un planteamiento humorístico sobre el sentido de la vida y la construcción del universo. Se la presté a un matrimonio amigo correspondiendo a que ellos me habían dejado El velo pintado, un drama de Edward Norton y la guapísima Naomi Watts, lleno de chinos enfermos. Mi peli no tuvo mucho éxito: ella dijo

domingo, 25 de septiembre de 2011

JONATHAN CAROLL - El mar de madera (2001)


Sin duda alguna ha sido mi libro del verano 2011; lo mejor que he leído desde hace bastante tiempo. Di con él buscando obras originales, que me dijeran algo, que se salieran de los tópicos ya fuera por la temática, el personaje o el contexto. Y Johnathan Carroll lo ha cumplido con creces. De hecho, he conseguido otras tres obras suyas que esperan su momento. Encontré el libro en el típico saldo preveraniego de La Factoría de las Ideas. Un hallazgo. 

Carroll es un tipo curioso: es un norteamericano que vive en Viena, “la ciudad más aburrida del mundo” según él. Su padre era guionista y su madre actriz y cantante, pero él estudio Literatura, se fue a capital austriaca a dar clases y allí se quedó. La verdad es que no tiene una vida como

domingo, 4 de septiembre de 2011

AUGUST DERLETH - La máscara de Cthulhu, 2005 (1977)


Había leído tanto insulto a August Derleth que el tipo me daba un poco de pena. Que si había tergiversado a Lovecraft, que si había catolizado a los Primigenios y a los Antiguos, que si había vivido a la sombra del Maestro. Bueno, pues como todos le zurraban, y de lo lindo, me compré los tres libros de bolsillo que editó Alianza Editorial. Con un par. Los guardé, y hace poco decidí leer el que me pareció el más representativo: La máscara de Cthulhu.

domingo, 17 de julio de 2011

STANISLAW LEM - Solaris (1961)

Fue una de esas cosas que se hacen con buena intención. Le dije a mi compañera que leyera Solaris y que luego lo haría yo. Habíamos compartido muchas lecturas, sobre todo de aquellos libros que han tenido una versión cinematográfica. Y el de Stanislaw Lem tiene dos: la rusa, de 1972, y la de George Clooney, de 2002. El plan era el de siempre: primero lectura, luego visionado de pelis, y por último, debate con un buen martini. El problema es que la chica se quedaba dormida. “No puedo con él. Lo siento. No es mi tipo de literatura”. Tan comprensivo como caballeresco, contesté: “No te preocupes. Lo entiendo”. Claro; de todo el plan nos quedamos sólo con el martini.

domingo, 10 de julio de 2011

JOHN SCALZI - La vieja guardia (2005)

Me reí; leyendo esta novela me reí. No es lo habitual cuando se lee ciencia-ficción, y ni siquiera me había pasado con Bill, el héroe galáctico –del que no pasé de la sonrisa-. La razón es que John Scalzi construye una novela con mucho sentido televisivo, muy de showtime, de nuestra época. El intercambio de frases entre los personajes es tan perfecto que parece sacado de una serie de TV del tipo de The Big Bang Theory.

domingo, 12 de junio de 2011

WILSON TUCKER - Los amos del tiempo (1953 y 1971)

Cuando se lee la biografía de Tucker no se encuentra nada llamativo. Da la sensación de que fue un tipo que pasaba por allí. Era electricista y escribió algunas historias de ciencia ficción dignas de recordar, como la que hoy reseño, y otras que fueron premiadas, como El año del sol tranquilo (1970), que obtuvo el John W. Campwell Memorial en 1976. Además, se le atribuye la paternidad de la expresión “space opera” –gracias Bob- y se le reconoce como el fan prototípico; esto es, aquel que lee, sigue a sus autores, difunde sus obras, edita fanzines y, cómo no, escribe relatos. Hay quien define a Tucker como un autor menor. Es posible; pero escribió cuatro novelas que han sido traducidas a varios idiomas, reimpresas innumerables veces, y su obra es bastante entretenida. Para empezar, tiene los mejores diálogos que me he encontrado en mucho tiempo, tan ágiles y profundos que evitan las engorrosas descripciones de ambientes o personalidades.

domingo, 29 de mayo de 2011

PHILIP K. DICK - El hombre en el castillo (1962)

No sé dónde leí que todo género literario gira en torno a una cuestión: la condición humana. La ciencia ficción permite llegar un poco más allá en el planteamiento de las preguntas porque la realidad no es un freno. Por eso me gusta este género, o el terror, porque cuando el escritor es inteligente sabe diseñar un mapa en que personajes, contexto y desarrollo de la trama, son un conjunto armonioso que le permite ir soltando esas pequeñas preguntas que obligan al lector a desviar la mirada y pensar. Philip K. Dick es uno de ellos.

domingo, 15 de mayo de 2011

ALGERNON BLACKWOOD - El Wendigo (1909)

Quien no ha ido de niño a una acampada en pleno bosque, y de noche, a la luz de la fogata, ha oído cuentos de terror, seguramente no podrá entender del todo el horror que se narra en este relato de Algernon Blackwood. No falta nada: la descripción de un bosque interminable, misterioso, sumido en un silencio que sólo se rompe por sonidos ajenos a la comprensión humana, y cinco hombres, cada uno un símbolo con el que el lector puede identificarse.


Ahora bien, todo ese simbolismo, muy básico en realidad, responde a una concepción particular de la naturaleza, el hombre, la ciencia y la religión. Es la segunda vez que me encuentro un vínculo entre un escritor de cuentos fantásticos y una sociedad esotérica y filosófica. En este caso, Blackwood

miércoles, 20 de abril de 2011

MURRAY LEINSTER - El planeta solitario (1978)

Leí la mitad de la novela en el aeropuerto, aguantando uno de esos retrasos habituales. La espera se me hizo corta. Murray Leinster, en realidad William Fitzgerald Jenkins (1896-1975), sabía enganchar con historias aparentemente sencillas que guardaban una complejidad natural, no forzada por grandes construcciones seudocientíficas, o un thriller metasicológico. Leinster escribía para que al final de la lectura te quedara una sensación de extraña satisfacción. La introducción del libro que hace John J. Pierce es fantástica: sitúa al autor y su obra, y da detalles sobre su vida que hacen la lectura más comprensible, más humana. Ser inventor, racionalista, metido en su trabajo pero divertido, y siempre pendiente del lector, lo que siempre se agradece, caracterizaban a un Leinster que ya he guardado entre mis autores favoritos.

domingo, 10 de abril de 2011

FREDRIC BROWN - Universo de locos (1948)

No puede haber título mejor cuando se está pasando una temporada en Roma: Universo de locos. Para un madrileño que vive en una ciudad cuadriculada en todos los sentidos, el impacto de una Roma que desde hace siglos ha hecho del caos un arte, es trastornante. Es preciso ira acomodándose a su ritmo, a su forma de hacer las cosas, a su gente, a esa improvisación constante que impide hacer un mínimo plan. Porque se trata, y parece mentira, de un universo paralelo. En apariencia todo es igual: somos latinos y occidentales, y tenemos la misma tecnología, edificios, coches, y la población se caracteriza por ese melting pot que ya es un hecho. Parece igual, pero no lo es. No creo en el destino, pero en ciudad capitalina, en el paraíso del caos, leí esta novela.

domingo, 27 de marzo de 2011

JACK WILLIAMSON - Los humanoides (1949)

Los robots son uno de los temas estrella de la ciencia-ficción, desde R.U.R. de Capek hasta la serie televisiva Cáprica, pasando por nuestro Gabriel revisitado de Domingo Santos. Y las historias han girado en torno a dos cuestiones: su cercanía a la naturaleza humana y, por tanto, los problemas existenciales –Yo, Robot o Sueñan los androides con ovejas eléctricas, por ejemplo-; y el dominio del hombre –Terminator o Matrix, por citar sólo películas-.

Todo esto se envuelve en el doble sentimiento, y contradictorio, que la Humanidad ha tenido hacia los avances científicos, siempre vinculado con el miedo al conflicto bélico y, de forma paralela, con el bienestar. Por un lado, el optimismo ante el avance imparable de la ciencia y la tecnología para la resolución de los problemas cotidianos y endémicos del hombre. Por otro lado, el riesgo de deshumanización que supone la robotización de todo.

domingo, 13 de marzo de 2011

CORDWAINER SMITH - Norstrilia (1975)

Si no has visto Futurama, no sé a qué estás esperando. Sus capítulos están repletos de guiños a obras clásicas de la ciencia ficción, y otras no tanto, e incluso a series y películas del género, como son los personajes de Star Trek. Coincidió que cuando estaba leyendo esta novela de Cordwainer Smith me dio por ver algunos episodios de Futurama. En uno de ellos, Fry, el protagonista, estaba enganchado a una bebida llamada Slurm, cuya fórmula secreta era que salía del culo de un enorme gusano. Y digo que coincidió porque Norstrilia es un planeta cuyos habitantes han hecho una fortuna gracias a una sustancia llamada Stroon, reclamada por todo el mundo porque confiere la inmortalidad, y que es un virus que producen ovejas enormes, gigantescas y deformes.

domingo, 13 de febrero de 2011

JOHN W. CAMPBELL - ¿Quién va ahí? (1948)

Al leer un relato de ciencia ficción que tiene más de cuarenta años, una de las primeras cosas que se piensan, o te dicen, es sí habrá envejecido con el tiempo, si se habrá pasado o caducado perdiendo su fuerza. En este caso,  además, el relato de John W. Campbell Jr. tiene que sufrir la comparación con la película El enigma de otro mundo (1951), dirigida por Christian Nyby y producida por Howard Hawks, y su remake, La cosa (1982), de John Carpenter. La verdad es que no ha envejecido demasiado, ni sale perdiendo con la comparación. La película de Nyby y Hawks está ligeramente basada en la historia de Campbell, y la de Carpenter, pegada más al texto, tiene unos efectos especiales muy antiguos.

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