La especulación sobre el porvenir del Hombre ha servido no sólo para soñar, también para la crítica del presente. Marte ha dado mucho juego en este sentido. H. G. Wells, enorme literato y socialista de mesa camilla, publicó La guerra de los mundos en 1898, lo que le sirvió para criticar a la opinión pública victoriana, a la Iglesia anglicana -no a la religión- y al modelo de gobierno británico, que en su opinión era ineficaz a la hora de responder a las necesidades sociales.
Catorce años después, en 1912, un norteamericano, Edgar Rice Burroughs, creaba el personaje de John Carter, un ex soldado que vivía unas imposibles y fantásticas aventuras en Marte y que repetía acríticamente los estereotipos conservadores del Occidente de su tiempo.





















