domingo, 13 de marzo de 2011

CORDWAINER SMITH - Norstrilia (1975)

Si no has visto Futurama, no sé a qué estás esperando. Sus capítulos están repletos de guiños a obras clásicas de la ciencia ficción, y otras no tanto, e incluso a series y películas del género, como son los personajes de Star Trek. Coincidió que cuando estaba leyendo esta novela de Cordwainer Smith me dio por ver algunos episodios de Futurama. En uno de ellos, Fry, el protagonista, estaba enganchado a una bebida llamada Slurm, cuya fórmula secreta era que salía del culo de un enorme gusano. Y digo que coincidió porque Norstrilia es un planeta cuyos habitantes han hecho una fortuna gracias a una sustancia llamada Stroon, reclamada por todo el mundo porque confiere la inmortalidad, y que es un virus que producen ovejas enormes, gigantescas y deformes.

La novela se encuadra en la serie de Los Señores de la Instrumentalidad. Norstrilia es la Vieja Australia del Norte, un planeta de la Commonwealth. Sus habitantes proceden de la Tierra, que fue arrasada por la guerra hace 15.000 años. La peculiaridad que tienen es que pueden “audiar” y “linguar” sin abrir la boca; es decir, son telépatas. ¿Todos? No. Los subhombres no pueden porque son animales modificados para que puedan hablar, entender y trabajar. Menos aún los “cerebrocentrados”, que son robots construidos en torno a un cerebro animal. Y tampoco puede Rod McBan, nuestro protagonista. Además, los norstrilianos son inmortales. La única pega es que para controlar la población deben pasar por la Sala de la Muerte, que decide quién debe seguir viviendo.

A partir de aquí, Cordwainer Smith trenza una historia de maduración (Rod es un adolescente), con amor y venganza (lo que mueve el mundo), economía globalizada (nunca mejor dicho) y el trasfondo de la cuestión racial. Es una novela repleta de ideas interesantes. La familia de Rod, que se dedica a cuidar ovejas, como todo el mundo, guarda un viejo ordenador militar que para evitar la muerte de su dueño hace unas cuantas operaciones financieras, y convierte al muchacho en el individuo más rico del Universo. Y claro, Rod compra la Vieja Tierra. Pero para pasar desapercibido, un médico convierte a Rod en una subpersona. Aquí la novela podría haber derivado, si se tratara de un producto de la new wave hacia una moraleja sobre la tolerancia y la conciliación racial, pero no. A Cordwainer Smith le trae sin cuidado.

Aparece entonces G’mell, una gata voluptuosa, una subpersona –hay que recordar la obsesión de Smith por los gatos, de ahí que G'mell aparezca en otros-, que le enseña la Vieja Tierra. G’mell es una especie de esclava sexual al servicio del comisionado llamado Bebedor de Té –suena un poco ridículo, pero el tipo se llama así-, con la misión de cuidar de Rod. Pero el cuidado más va allá de que no le maten –los policías son robots, como en Futurama, que no preguntan-. G’mell le dice que se busque a sí mismo, para que aprenda quién es y que sepa qué quiere en la vida.

Los subhombres viven en el subsuelo, en el mundo de Abajo Abajo, y allí conoce al Maestro Gatuno, que dice cosas como “Cada nueva experiencia es una recompensa antes de morir” y “Nuestra vida es moldeada por las personas que conocemos, los lugares que visitamos, los trabajos o aficiones a que nos dedicamos”. Cordwainer Smith, como es sabido, tuvo siempre muy presente la cultura china, como es notorio en este caso.

Los Señores de la Instrumentalidad, un consejo de hombres poderosos, que gobiernan los mundos habitados por encima de la ley, y que tienen el poder de la premoción, además de la telepatía, no saben qué hacer con él, o eso parece. A uno de ellos, como ejemplo disparatado, se le ocurre que “quizá confisquen la propiedad del muchacho, lo manden a un hospital y lo hagan salir hablando VASCO y tocando música FLAMENCA”. A Cordwainer le debió parecer lo suficientemente exótico y loco como para citarnos así.

La maduración de Rod llega al conocer el significado del amor, de la entrega y del poder. El Maestro Gato le dice que el Hombre llegó a tener una vida de 400 años, una lengua común y un condicionamiento estándar. Todo el trabajo lo hacían las subpersonas y los robots. Así llegó la Decadencia del Hombre. Alice More, una especie de filósofa o antropóloga, elaboró la teoría del “Redescubrimiento del Hombre”, consistente en organizar las antiguas naciones, ofrecer, una cultura adicional a todos y fomentar las peleas, las enfermedades y los accidntes. El Hombre se tenía que despertar y reanudar la civilización. Mientras tanto, decía el Maestro Gatuno, existirían los “Amos Secretos”; es decir, el mundo gobernado por sus servidores, por las subpersonas.

Rod vuelve a Norstrilia como un hombre maduro y ajusta su vida y la de su entorno. Así, sin contar más detalles de una historia repleta de ellos, termina una novela preciosa y rica en ideas y planteamientos. Aquí, en Roma, desde donde escribo este comentario, es fácil comprender a Rod.  

10 comentarios:

  1. Por lo que sé Smith fue muy influenciado por Stapledon (que escribió el que considero "el antiguo testamento de la ciencia ficción": Hacedor de Estrellas).

    No estaba informado de que Los Señores de la Instrumentalidad son una saga, bueno, una tetralogía. Suena muy muy, pero muy interesante (a mí también me gustan los gatos).

    Oye, ¿ya has leído la "Trilogía Marciana" (Marte Rojo, Marte Verde y Marte Azul), de Kim Stanley Robinson? Y si es así, ¿qué te pareció?

    Saludos.

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  2. Gracias, Damian. El amigo Smith más que una saga lo que hizo fue escribir relatos en torno a un futuro dominado por Los Señores de la Instrumentalidad. Los relatos se pueden leer de manera independiente, y puedes dejar algunos sin leer que no te pierdes "el final". Su lectura es un auténtico placer. Te lo recomiendo.

    Y no, no he leído nada de Kim Stanley Robinson, pero acabo de buscarlo, tiene buena pinta, y lo conseguiré. Ya lo he sumado a mi lista. Gracias por la recomendación.

    Saludetes

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  3. Intentaré conseguir Los Señores de la Instrumentalidad (lo tengo en pdf pero es incómodo leer en el ordenador). Pero uf... tengo la mala costumbre de comenzar un libro y luego otro y otro, y ahora estoy leyendo cinco libros de manera simultánea (no es recomendable hacer eso). Pero ya lo agregué a mi lista, aunque esperará. Se paciente, Smith.

    A mi me recomendaron esa trilogía de Robinson, que narra el proceso de terraformación de Marte desde una perspectiva muy realista. Y sí, tiene buena pinta.

    Ah, y claro que he visto Futurama! Me encanta sobre todo el capítulo donde demuestran un teorema de matemáticas (que uno de los guionistas postuló y demostró). No recuerdo si se trata del primero o el segundo capítulo de la sexta temporada.

    Hasta luego.

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  4. ¿Cinco libros? Eres un crack, Damián. :) Si lees tanto te aconsejo que compres un e-book (si puedes). Hay un modelo de Papyre 5.1 que no está nada mal.

    La reseña de Robinson que he leído me ha recordado a Bradbury y a una serie de TV que se llamaba "Gravedad Cero". ¿No te parece?

    No me acuerdo de ese capítulo de Futurama. Tengo que repasarlo.

    Saludetes

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  5. Tengo que aclarar que soy de lenta lectura y esos cinco libros pueden seguir sin terminar por un par de meses. Consideraré lo del e-book.

    No he visto la serie "Gravedad Cero" y de Bradbury no conozco más que algunos cuentos que me han gustado mucho.

    Saludos.

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  6. Lo importante es disfrutar con la lectura. Hay gente que lee demasiado rápido, y luego no recuerdan qué han leído ni han asimilado cosas del libro (y eso que siempre se nos escapan cosas). :)

    Saludetes

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  7. Los relatos que componen el ciclo de "Los señores de la instrumentalidad" son, sin duda, una de las cumbres de la ciencia ficción. No sólo porque estén plagados de ideas, sino también, y sobre todo, porque son poesía en estado puro (comenzando por los maravillosos títulos). Nunca la literatura ha plasmado con tanta intensidad "lo extraño", "lo diferente".

    Por cierto, "Tropas del espacio" acaba de reeditarse, así que no está descatalogado. Deberías eliminarlo de las descargas.

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  8. Gracias, César. La fuerza de esta obra no está tanto en que sea poesía en estado puro, que la tiene, sino en la carga de ironía sobre el ser humano y en la esencia de la vida. Es fácil imaginar a C.S. escribir con una sonrisa en los labios, disfrutando de cada palabra, riéndose de sí mismo y del Hombre. En este sentido me gustó mucho "¡No, no, Rogov no!".

    Y tienes razón, "Tropas del espacio" ha sido reeditado -parece que Heinlein se sigue vendiendo-, y lo quitaré de las descargas. Gracias. De todas maneras, hace tiempo que no subo ningún libro descatalogado. Si me animo subiré los de Van Vogt, injustamente olvidado.

    Saludetes

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  9. Es cierto que hay ironía en la obra de C.S. Y ambigüedad. ¿Los Señores de la Instrumentalidad son héroes o villanos? A veces lo uno, a veces lo otro. Sin embargo, también hay un profundo humanismo (de ahí, y del surrealismo, proviene su poesía). A fin de cuentas, ¿qué es el subpueblo sino una metáfora de los ahora llamados afroamericanos, que en la época de C.S. todavía súfrían la segregación?

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  10. También pensé en esa analogía con los afroamericanos, pero a la altura de 1975 hay notables diferencias con el subpueblo. Conociendo a C.S. y su mundo cultural, creo que se refiere al pueblo chino: esa sabiduría, el respecto a la ancianidad, la trascendencia, la laboriosidad y el valor de la paz, son características vitales y filosóficas fácilmente atribuibles al pueblo chino. Y siempre han sufrido falta de libertad, igual que el subpueblo.
    En cuanto a si los Señores de la Instrumentalidad son héroes o villanos, sabiendo que C.S. era catedrático de Ciencia Política es muy probable que ni una cosa ni otra, sino simplemente gobernantes; es decir, a veces héroes, otras veces villanos, y dependiendo del ojo que lo juzgue.

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