domingo, 5 de julio de 2009



IMPERIO FUTURA se va de vacaciones a explorar el Espacio Exterior. Nuestra nave no es de último diseño y las armas están algo obsoletas, pero mi compañera de vuelo y yo encontraremos rincones del Universo donde aún no ha llegado el hombre.

Regreso programado para el año estelar 2009.09; es decir,… HASTA SEPTIEMBRE.




sábado, 27 de junio de 2009

FREDERIK POHL - Pórtico, 2006 (1977).



Esta es una de esas novelas que nadie con un mínimo gusto por la CF se puede perder. Veréis por qué. Pórtico está articulada en dos pilares narrativos que se entrecruzan. De esta manera, Pohl combina la CF hard y la soft de forma aparente, mientras que en cada pilar utiliza la tecnología y la psicología. Las referencias científicas son en buena medida fantasiosas, en cuanto lo que no tiene explicación científica real Pohl lo atribuye sin más a la civilización Heechee, la alienígena. La psicología, en cambio, es de corte freudiano. Aquí no hay fantasía posible porque juega con las emociones humanas más básicas y tópicas: el sexo y su vínculo con la falta de amor materno, lo que genera

domingo, 21 de junio de 2009

JACK VANCE - Estación de Abercrombie, 1977 (1976).



Tenía ganas de aventura, y decidí leer algo de space opera, pero space opera de calidad. Rebusqué y me quedé con dos: Vance, y Pascual Enguídanos vestido de George H. White. Indagando en la internet di con una librería en Madrid especializada en libros de CF; de segunda mano, por supuesto. Hice mi excursión matutina, sabadera, y me encontré con que aquello era un caos. Los libros estaban envueltos en plástico, lo que les preservaba de los curiosos como yo, pero que me impedía ver si le faltaban páginas, estaba mal cortado, si la letra era liliputiense o el traductor estuvo de parranda aquellos días. Tampoco estaban ordenados alfabéticamente, un error que convierte siempre la

domingo, 14 de junio de 2009

ROBERT A. HEINLEIN - Tropas del espacio (1959), 1998.


Esta novela arrastra dos desgracias. La primera es que Carlos Fabretti –el mismo que justificó el atentado del 11-S y ha apoyado a Iniciativa Internacionalista, la última franquicia proetarra- llamara “fascista” a Heinlein. La repetición de esta típica consigna estalinista de los años cincuenta y sesenta ha contaminado una obra maestra; claro que sólo en Europa, donde el antiamericanismo es una patología muy arraigada. La otra desgracia es que Paul Verhoeven utilizara el título de Heinlein para una de sus películas, con las secuelas correspondientes; sin embargo, como filmes de serie B no están nada mal y, además, cuenta con la banda sonora del competente Basil Poledouris –Conan-.

domingo, 7 de junio de 2009

ROGER ZELAZNY - Tú, el inmortal , 1977 (1966).



Este es, probablemente, uno de los libros más tontos que he leído en mi vida. Debí figurármelo cuando en las primeras líneas leí “He dejado las pezuñas y los cuernos en la Oficina” y no se trataba de una broma. En mi descargo he de alegar que al indagar sobre la vida de Zelazny antes de leer Tú, el inmortal encontré pistas halagüeñas, como que le llamó Philip K. Dick para terminar Deus Irae, una novela que, claro, me lancé a buscar. Esa, y El señor de la luz. Es más, en algunas páginas web le presentan como uno de los estandartes de la New Wave, lo que no me llama, pero tal estatus le otorgaba a priori cierta calidad y originalidad; dentro de lo que cabe, evidentemente. Y no sólo eso: había sido agraciado con un premio Nébula, el de 1966, y fue finalista del Hugo ese mismo año. Todo indicaba que era una de esas novelas que había que leer. Bueno, pues no me ha gustado. Alguno pensará: “Éste no la ha entendido”. Oye, que Zelazny no es Kierkegaard.

domingo, 31 de mayo de 2009

H. G. WELLS - La guerra de los mundos, 1981 (1898).

Si hay un libro con el que tenga una relación especial en mi vida, sin duda es éste. Y no es porque la historia que cuenta Wells sea hoy especialmente ingeniosa o la narración trepidante, es que fue un librito que me abrió un mundo nuevo, el de la CF. El sentido de la maravilla que produjo en mí, un niño de trece años –cuando los trece años eran lo que deben ser-, fue inconmensurable. La pasión que me despertó por la aventura libresca es impagable. Luego pasaron otros textos, otros géneros, otras páginas, pero ninguno como aquél. Tan fue así que lo he comprado por tercera vez para releerlo. El primero lo perdí en el colegio. Recuerdo perfectamente la escalera, la sensación, el chándal azul, la camiseta blanca, la búsqueda, las caras de yonohesido, las preguntas al bedel, y la carrera hasta el quiosco para comprar otro ejemplar. Nunca lo dije en casa. Quizá temía la reprimenda. Ese ejemplar lo leí dos veces, la segunda en aquellos viajes en metro, de pie, junto a esas blancas barras que siempre estaban brillantes y grasientas. Este lo perdí sin saber aún cómo ni dónde. Pregunté a la familia, rebusqué en sus casas, y nada. Impaciente lo encontré en internet, en una librería de segunda mano, a menos de cinco euros.

sábado, 23 de mayo de 2009

LARRY NIVEN - Mundo Anillo, 2007 (1970).



Leyendo la contraportada uno se puede imaginar a Arthur C. Clarke serio, con el cuello rígido, mirando fijamente a los ojos al lector primerizo, deslumbrando con una camisa hawaiana y espetando en un susurro: “Te recomiendo que te adentres en el mundo de la CF con este libro. Mola”. Y es que Clarke, padre reconocido del estilo hard, publicó El centinela en 1951, y después de que el complicado Kubrick llevara el cuento al cine le dio forma de novela en 1968 con el título 2001: una odisea espacial, dos años antes de que Larry Niven diera a la imprenta Mundo Anillo. ¿Por qué la recomendación de Clarke? Posiblemente se deba a que el tema es el mismo: la evolución natural e inducida.

sábado, 16 de mayo de 2009

JOE HALDEMAN - La guerra interminable, 2005 (1974)



Todos los autores son hijos de su tiempo, y sus obras son en buena medida autobiografías. Joe Haldeman no lo esconde. La guerra interminable se publicó en 1974, por un norteamericano excombatiente de Vietnam. Esto nos dice mucho sobre el contenido de la obra: por un lado, la guerra se presenta como algo estúpido, y, por otro, las preocupaciones y ensoñaciones hippies propias de la época tienen un lugar principal en la obra.

La condena de la guerra es la habitual: el conflicto sin sentido, el desprecio a la vida del soldado, el manejo de los poderosos, los intereses económicos,…; es decir, nada nuevo hasta el punto de que en sus últimas páginas, cuando todas las historias

sábado, 9 de mayo de 2009

JOHN WYNDHAM - El día de los trífidos, 2007 (1951).

John Wyndham, El día de los trífidos, 2007 (1951).

Al leer la biografía de Wyndham, un británico que vivió la Segunda Guerra Mundial, no es posible evitar el imaginarle en el desembarco de Normandía. Un escritor de CF en el Día D a la hora H, saltando del vehículo anfibio a la playa, chapoteando entre agua y sangre, sintiendo los estampidos de las bombas y de los cuerpos al caer, y empujado por el terror a correr, a correr un poco más. Una experiencia como esa tiene que cambiar la interpretación de la vida y del hombre, y en el caso de un creador literario, su modo de presentar la sociedad y al ser humano.

El día de los trífidos es indudablemente el resultado del Wyndham que sobrevivió en las playas francesas. La obra cuenta dos historias paralelas. Una es la de los trífidos, unas plantas

sábado, 2 de mayo de 2009

FREDERIK POHL y C. M. KORNBLUTH - Mercaderes del espacio, 2004, (1954).



Dos autores. Fue lo primero que me llamó la atención. ¿Cómo pueden escribir dos personas una novela? Entiendo la colaboración en un ensayo, en un temario académico, pero en una novela no me acaba de encajar. Vale; ya sé que hay de todo, lo acepto. Además, el que más me llamaba la atención de los dos escritores era Kornbluth. Murió con 35 años, casi el mismo número de pseudónimos que utilizó. Pegado a Frederik Pohl, uno de los más grandes, perteneció al grupo de literatos conocido como “The Futurians”, junto a Asimov, Damon Knight y James Blish. El nombre que se dieron, seguro que por deformación profesional, me recuerda al de aquellos fascistas italianos de Marinetti, también de principios del siglo XX, que tomaron el nombre de “Futuristas”. En fin.

sábado, 18 de abril de 2009

PHILIP K. DICK - ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, 2002, (1968).


El libro dormía en uno de los anaqueles de mi casa desde hacía no sé cuánto tiempo. Había desistido de su lectura un par de veces porque la traducción de César Terrón me parecía infame. No era un capricho: este hombre era capaz de meter el elemento compositivo “-mente” cuatro veces en veinte palabras. Llegué a buscar ediciones con otra traducción. Incluso una vez -¡Oh, insensato!- me descubrí ojeando en la Cuesta Moyano un ejemplar en inglés. Superada la frustración, tomé el libro que tenía en casa y me lancé. De pronto todo se hizo pasable.

Mientras devoraba la obra me preguntaba: “¿Qué habría en la cabaña del sheriff?”. Porque Philip K. Dick se refugió en una casita de campo propiedad de un policía local durante dos años, 1962 y 1963, en los cuales escribió once relatos. Agorafóbico y paranoico, en aquella cabaña sólo estaba él. Dick se creó su propio mundo, siempre torturado, mostrándose a sí mismo, despreciándose, porque la drogadicción es una muestra de poco aprecio a lo que somos. Y así es ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

sábado, 11 de abril de 2009

STANISLAW LEM - Retorno de las estrellas, 2005 (1961)



¿Polaco? Era polaco. En mi suprema ignorancia no me había ni siquiera preguntado de dónde era Stanislaw Lem. La verdad es que antes de toda esta aventura literaria Lem me parecía un petardo. Ya lo he dicho. Y la impresión me la dio, si bien de forma espuria, una película: Solaris. El filme de Steven Soderbergh me aburrió, me pareció poca cosa, lento, lento. Y George Cloney, un tipo simpático y guapo sin recursos artísticos. Eso sí, en cuanto me introduje en la biografía de Lem me di cuenta de a qué autor me estaba enfrentando, quizá al más grande de la CF europea del siglo XX. Creo que a un escritor se le puede considerar de los grandes si tiene al menos dos obras de enorme relevancia social e influencia literaria, y Lem es uno de ellos si a Solaris le sumamos Diarios de las Estrellas (1957).

sábado, 4 de abril de 2009

CORDWAINER SMITH - Piensa azul, cuenta hasta dos, 2006 (1968)




A veces conocemos a alguien que viene de un lugar lejano, extraño, en el que ni siquiera nos habíamos parado a pensar. Y de pronto esa persona forma parte de nuestra vida. Creemos que nació y se crió en una línea de tiempo paralela a la propia, y que, quizá por el destino, se ha cruzado con la nuestra por una serie de casualidades. Pues esto mismo me pasó con Cordwainer Smith.

El libro estaba ahí, entre el montón de los baratos, de esos con colorines que parecen pensados para llamar la atención cuando se deambula aburrido por el aeropuerto. Lo cierto es que me atrajo la portada y que estaba en Carrefour. No tiraba de una maleta, sino que empujaba el carrito de la compra donde, además, descansaba mi hijo Jaime leyendo un tebeo de Mortadelo. Cogí el libro con cierta reticencia. Normal; entre tanta basura aspirante a bestseller qué podía haber interesante. Pero es que me encantó la portada. Me recordaba a aquellas cubiertas líricas de los cómics de CF que devoraba siendo jovencito. El título era extraño: “Los señores de la instrumentalidad”, con un subtítulo de juego de mesa: “Piensa azul, cuenta hasta dos”.

sábado, 28 de marzo de 2009

PIERRE BOULLÉ - El planeta de los simios, 1985 (1963).



¡Cuánto tiempo había deseado leer esta novela! ¿A quién no le gusta la película de Charlton Heston? El ritmo de la cinta es tan trepidante y el final tan espectacular que difícilmente se puede olvidar. Y pensando que en muchos casos, prácticamente en todos como dice el tópico, la novela supera a la película, busqué la obra de Pierre Boullé. No fue fácil, pues se había agotado rápidamente a pesar de que se editó en edición de bolsillo.

Una de las primeras cosas que me sorprendió fue que el autor era francés. Parecía el típico periodista de los años sesenta, imbuido de rechazo al sistema, a la guerra, a la generación anterior y repleto de sueños de paz, arco iris y flores, pero no era así. Se trataba de un luchador contra los nazis que pasó cuatro años en un campo de concentración japonés. Esta experiencia le sirvió para escribir El puente sobre el río Kwai. También me llamó la atención que no estaba entre los autores de CF, ni siquiera su obra El planeta de los simios. ¿Cómo era posible? No podía ser. Lo achaqué al purismo de ciertos críticos y nada más.

sábado, 21 de marzo de 2009

WILLIAM GIBSON - Neuromante, 2005 (1984).


En mi carrera por leer lo mejor de la CF cometí un error: adentrarme en Neuromante. Había leído tan buenas críticas que todo me empujaba. Nada más y nada menos que tres de los más importantes premios de la novela de CF en 1985: Nébula, Hugo y Philip K. Dick. Es más, Gibson había iniciado con esta obra un nuevo estilo, el ciberpunk, que había marcado sobre todo la producción cinematográfica, como el caso de Matrix o Johnny Mnemonic. Una nueva estética marcada por lo negro, la ingeniera genética y la informática, en la que el futuro era desolador y no había otros mundos, sino éste.

Leí sobre el ciberpunk y su agotamiento como tendencia literaria. Aún así, y siempre dispuesto a seleccionar lo mejor, compré la novela de Gibson en FNAC. Qué emoción, y qué ingenuidad. Comencé la lectura con pasión, llevándomela a cualquier

sábado, 14 de marzo de 2009

RAY BRADBURY - Crónicas marcianas, 2002 (1946)



La verdad es que no topé con Bradbury en ese momento. Años atrás leí Fahrenheit 451; una novela que hace sentir bien al lector por dos motivos: según devora las páginas se siente libre y, además, poseedor de un tesoro, el libro, que le incluye en la élite romántica de los portadores del saber humano. Recuerdo, además, que vi a Ray Bradbury en una serie de televisión, que resultó ser The Ray Bradbury Theater. Aparecía al final del capítulo, rodeado de chismes y libros viejos, con una camisa clara, el pelo blanco, entrado en carnes, sonriente y explicando alguna cosa.

sábado, 21 de febrero de 2009

RICHARD MATHESON - Soy Leyenda, 2008 (1954)

Llegué a este libro por la película de Charlton Heston. Recordaba haberla visto co
n catorce o quince años y comentarla con mis amigos. Estábamos entonces enganchados a la CF a través de cómics como 1984 o Tótem, tanto como a la literatura de terror, o casi mejor decir a Lovecraft. La emoción que sentíamos con Charles Dexter Ward o Chutlhu, o con el Den de Richard Corben es indescriptible. Y en aquellos días echaron por la tele aquella película que nosotros creíamos de zombis. No habíamos entendido nada, claro.

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